{"id":800,"date":"2009-02-13T18:26:00","date_gmt":"2009-02-13T17:26:00","guid":{"rendered":"http:\/\/giusseppe.net\/blog\/archivo\/2009\/02\/13\/yo-no-lo-hice-jamas\/"},"modified":"2014-09-10T11:30:50","modified_gmt":"2014-09-10T09:30:50","slug":"yo-no-lo-hice-jamas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/archivo\/2009\/02\/13\/yo-no-lo-hice-jamas\/","title":{"rendered":"Yo no lo hice jam\u00e1s"},"content":{"rendered":"<p>Hay veces en que el yo se manifiesta en forma diferente, en una alejad\u00edsima tercera persona que se somete a la tortura infame del autor que es, ni m\u00e1s ni menos, que otro yo que no es \u00e9l. S\u00ed, este es el caso que nos acontece, el momento de la verdad que no es verdad, una realidad hecha ficci\u00f3n como un orangut\u00e1n que sabe escribir a m\u00e1quina tecleando esta historia en la que yo ser\u00eda el protagonista que no soy.<br \/>\u00c9l no paraba de repetir insistentemente que no lo hizo. Le agarraban con las manos, los brazos hacia atr\u00e1s y le propinaban una paliza a base de bastonazos que previamente hab\u00edan envuelto en un pa\u00f1o mojado para no dejar ninguna huella, ninguna cicatriz de la barbarie. No ten\u00eda m\u00e1s respuesta que su negaci\u00f3n. Pero no parec\u00eda ser suficiente para evitar aquella carnicer\u00eda sin sangre, aquel espanto de dolor bajo el agua cayendo, goteando en su cuerpo agotado, exhausto y h\u00famedo, donde el sudor se confund\u00eda con las gotas precipitadas de un cielo mohoso. <br \/>Ellos eran cuatro fornidos militares vestidos de paisano. Pero hab\u00edan olvidado quitarse unas botas claramente uniformadas que delataban su procedencia. Uno de ellos, el m\u00e1s d\u00e9bil, era el que organizaba el tratamiento, daba \u00f3rdenes sin cesar, una tras otra, haciendo que Ferm\u00edn no pudiese evitar asociar aquella voz con nuevos golpes.<br \/>El m\u00e1s alto, un armario de cuatro por cuatro, sujetaba sus brazos con unos dedos que parec\u00edan estar disfrutando el contacto, homosexualidad macabra que pose\u00eda tintes de sadismo se reflejaba en los dientes depredadores de la tenaza humana. Tras \u00e9l, sec\u00e1ndole el sudor, un hombrecillo diminuto pero fibroso que de cuando en cuando alzaba un bote de sales que lo excitaban hasta llegar al grito. Ferm\u00edn repet\u00eda su \u00fanica sentencia, para evitar avances nuevos en la sentencia que se estaba llevando a efecto. No deb\u00eda de gustarles porque a cada afirmaci\u00f3n negativa segu\u00eda muy de cerca una palabra del l\u00edder y a esa palabra, una contracci\u00f3n de sus om\u00f3platos y un nuevo porrazo en las costillas propinado por el \u00faltimo que queda por describir. Un negro de casi dos metros de altura que con uno de sus brazos podr\u00eda haber simulado la porra o bast\u00f3n sin necesidad de ning\u00fan otro utensilio, pero que manejaba con su izquierda el bate improvisado. Ten\u00eda ojos de sangre, un pelo casi rapado completamente y un brillo en su piel que le hac\u00eda atractivo y feroz al mismo tiempo. Ferm\u00edn no pod\u00eda mirarle sin miedo, no pod\u00eda soportar esa mirada fr\u00eda llena de calor de agua evapor\u00e1ndose, una mirada asesina y tenaz, como de una m\u00e1quina sin escr\u00fapulos, un resorte de terror en cuerpo y alma.<br \/>Hab\u00eda sido detenido en un antro cuyas luces rojas indicaban la dedicaci\u00f3n principal del lugar, el objetivo de los cuerpos de mujer movi\u00e9ndose en las sombras. Era un prost\u00edbulo de Ho Chi Minh en el que todo el mundo sab\u00eda que era posible conseguir drogas, armas y compa\u00f1\u00eda. \u00c9l tambi\u00e9n lo sab\u00eda, pero no ten\u00eda otra intenci\u00f3n que pasar un buen rato en su viaje por Indochina, un rato sexual en el que olvidar el desprecio, el asco, que su mujer le profesaba. Entre las cosas que le confiscaron, estaba una de las fotos de su primer hijo, ese pobre Fernando que siempre se callaba cuando sus padres discut\u00edan. Jam\u00e1s hab\u00eda querido ir a trabajar a Vietnam, m\u00e1s bien por prejuicios que por otra cosa, pero sin embargo, cuando las cosas se hab\u00edan puesto peor con Luisa, Ferm\u00edn hab\u00eda acabado por pedir el cambio de destino que siempre hab\u00eda rechazado. Inmediatamente, le hab\u00eda sido concedido y hac\u00eda no m\u00e1s de tres d\u00edas que hab\u00eda llegado al aeropuerto de la ciudad, del viejo Saig\u00f3n, cuando hab\u00eda entrado en el burdel que su ayudante, su secretario personal, le hab\u00eda sugerido. Una vez dentro, hab\u00eda perseguido la raz\u00f3n de su visita, cuando aquellos energ\u00famenos hab\u00edan entrado llev\u00e1ndose a todos los que tuviesen aspecto de occidentales. Ferm\u00edn, con su barriga, su calvicie avanzada y una barba de tres d\u00edas, era m\u00e1s que un posible candidato a no ser ignorado. Entonces, les hab\u00edan arrastrado hasta aquellos calabozos de barro y ca\u00f1as en el que, tras aislarle del resto, le hab\u00edan comenzado a preguntar acerca de sus relaciones con aquellas mujeres. Hasta el \u00faltimo estertor, Ferm\u00edn no cej\u00f3 de insistir en su frase tramposa de doble negaci\u00f3n que le estaba costando la muerte sin siquiera entenderlo. Qu\u00e9 diferentes habr\u00edan sido las cosas con un buen traductor.<\/p>\n<p><i>M-20010423.<\/i><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay veces en que el yo se manifiesta en forma diferente, en una alejad\u00edsima tercera persona que se somete a la tortura infame del autor que es, ni m\u00e1s ni menos, que otro yo que no es \u00e9l. 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