{"id":798,"date":"2009-02-13T18:24:00","date_gmt":"2009-02-13T17:24:00","guid":{"rendered":"http:\/\/giusseppe.net\/blog\/archivo\/2009\/02\/13\/una-noche-en-bangkok\/"},"modified":"2014-09-10T11:30:50","modified_gmt":"2014-09-10T09:30:50","slug":"una-noche-en-bangkok","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/archivo\/2009\/02\/13\/una-noche-en-bangkok\/","title":{"rendered":"Una noche en Bangkok"},"content":{"rendered":"<p>Hace un a\u00f1o escrib\u00ed una historia sobre una tarde en Bangkok en la que hab\u00eda sufrido la emoci\u00f3n de viajar en un tuc-tuc. Desde luego, eso fue emocionante en un sentido muy distinto a la triste despedida de George al amanecer.<br \/>El \u00fanico s\u00e1bado por la noche que pasamos en la ciudad de los diez d\u00edas que estuvimos, mi amigo I\u00f1aki y yo quer\u00edamos disfrutar de un poco de diversi\u00f3n. Pero hab\u00eda un peque\u00f1o problema, nadie en el mundo cree que se pueda hacer otra cosa en Tailandia que no sea turismo sexual, especialmente un par de j\u00f3venes chicos occidentales.<br \/>Esa noche cenamos en el restaurante del hotel, pero procuramos terminar antes de lo habitual pues nuestras charlas se hac\u00edan interminables y ten\u00edan que pedirnos que nos retir\u00e1semos para poder recoger. Nuestra intenci\u00f3n era terminar alrededor de las doce de la noche para luego ir al centro de la ciudad o a alg\u00fan barrio divertido donde poder tomar unas cervezas, bailar un rato\u2026 algo que, seg\u00fan nos dimos cuenta, no era tan sencillo.<br \/>Cuando hubimos terminado, le pedimos al conserje en recepci\u00f3n que nos sugiriese un lugar a donde ir y nos indic\u00f3 un lugar apunt\u00e1ndonoslo en un papel con membrete del hotel. El precio previamente convenido era de 500 bats, lo que equival\u00eda a 2.500 pts. Adem\u00e1s, acord\u00f3 con un taxista el recorrido para que no nos perdi\u00e9semos. La tarifa del taxi tambi\u00e9n estaba prefijada en 100 bats. Mientras esper\u00e1bamos la llegada del taxi, pregunt\u00e9 a nuestro ayudante sobre la posibilidad de ir a otra zona, pues yo hab\u00eda o\u00eddo hablar de pad-pon, pero nos alarm\u00f3 contra esto dici\u00e9ndonos que en ese barrio mataban a m\u00e1s de dos turistas cada noche. Luego, lleg\u00f3 nuestra limusina y nos embarcamos atravesando el mar ca\u00f3tico del tr\u00e1fico en una ciudad que no duerme nunca, un hormiguero de actividad febril y, al mismo tiempo, desestresada con una forma de paz interior que s\u00f3lo es comprensible desde el punto de vista de la mentalidad oriental. Finalmente, nuestro chofer detuvo el veh\u00edculo y nos dej\u00f3 salir haci\u00e9ndonos se\u00f1as para mostrarnos la puerta de una especie de garaje que parec\u00eda ser nuestro destino.<br \/>Bajamos del coche y este no tard\u00f3 ni quince segundos en desaparecer y, con \u00e9l, la \u00fanica iluminaci\u00f3n del callej\u00f3n en el que est\u00e1bamos. As\u00ed, que nos pareci\u00f3 una idea razonablemente buena acercarnos a la nave de puertas met\u00e1licas. Un hombre bajito nos pregunt\u00f3 si quer\u00edamos entrar a trav\u00e9s de una rendija y contestamos que s\u00ed, pero cada vez nos gustaba menos la idea de seguir adelante.<br \/>Una vez dentro, cerr\u00f3 tras nosotros y quedamos enfrentados a un tinglado en el que se jugaba a las cartas y los dados en el suelo. Eran como unos diez hombres ruidosos que nos miraron un instante y luego siguieron absortos en su juego vociferando sin cesar en su idioma incomprensible. Al preguntar el precio al mismo hombre bajito que nos hab\u00eda abierto, nos dijo con una parquedad inigualable: 600 bats. Yo quise discutir o regatear el precio, pero el grupo de jugadores nos devolvi\u00f3 una mirada explicativa que me disuadi\u00f3 de seguir ese camino. Pagamos lo que nos ped\u00edan y nuestro peque\u00f1o gu\u00eda nos dijo que la primera bebida estaba incluida. Canje\u00f3 nuestro dinero por dos tickets y nos encamin\u00f3 a otra puerta, tras de la cual comenzaba el espect\u00e1culo.<br \/>Cincuenta pupitres como los de mi instituto rodeaban un min\u00fasculo escenario p\u00e9simamente iluminado sobre el que una pareja se iban desnudando sin que se pudiese apreciar el menor atisbo de sensualidad, mientras hicimos efectivas nuestras bebidas en la forma de dos vasos de cerveza sucios y sin apenas gas que nos sirvi\u00f3 un camarero sonriente, que parec\u00eda querer decir \u201cotros dos est\u00fapidos que han pagado 600 bats por entrar aqu\u00ed\u201d. Agolpados aqu\u00ed y all\u00e1, se pod\u00edan ver grupos de turistas m\u00e1s o menos jadeantes enfrascados en la escena del centro del tugurio. I\u00f1aki y yo decidimos irnos tras terminar nuestras cervezas, pero en el transcurso de la media hora que dur\u00f3 aquello, hubimos de insistir a diestro y siniestro para que las profesionales que viv\u00edan en la barra nos dejasen en paz. No parec\u00edan comprender c\u00f3mo hab\u00edamos llegado a aquel sitio si no era porque quer\u00edamos sexo. La verdad es que yo tampoco comprend\u00eda qu\u00e9 hac\u00edamos all\u00ed.<br \/>Cuando, por fin, salimos, est\u00e1bamos abatidos y frustrados ante nuestro intento de pasar una noche de diversi\u00f3n sin pretensiones sexuales en Bangkok. Yo suger\u00ed a I\u00f1aki que lo di\u00e9semos por terminado y volvi\u00e9semos al hotel, pero \u00e9l era m\u00e1s cabezota que yo y no quiso darse por vencido. Gracias a esto, realmente, la noche no hab\u00eda hecho sino empezar.<br \/>Tras recorrer un par de calles dirigi\u00e9ndonos hacia alg\u00fan lugar m\u00e1s iluminado, encontramos un taxi y le pedimos que nos llevase a Pad-pon. Por horrible que fuese, pensamos, no pod\u00eda ser peor que aquello.<br \/>Pad-pon no es m\u00e1s que un par de calles paralelas y sus correspondientes callejuelas perpendiculares uni\u00e9ndolas, lleno de vida y negocio, inundado de bares especialmente pensados para el tipo de turismo que esperaban recibir. Pero a\u00fan as\u00ed, no se encontraba la sordidez ni se sent\u00eda el miedo por aislamiento del antro del que acab\u00e1bamos de escapar. Sin embargo, all\u00ed viv\u00ed el que hasta hoy considero el acontecimiento m\u00e1s vergonzoso de mi vida.<br \/>Ocurri\u00f3 en un pub en el que estuvimos charlando animosamente con el camarero, que ten\u00eda tras de s\u00ed unas mujeres bailando insinuantes con un n\u00famero marcado en su diminuto tanga. Todos los clientes de los locales eran turistas occidentales, en su inmensa mayor\u00eda hombres y algunos de ellos tan ebrios que apenas se sosten\u00edan en pie. Uno de ellos se acerc\u00f3 a nosotros y con una voz \u00e1spera y grave, borracha y dura agarr\u00f3 al camarero por la pechera de su camisa y le atrajo hacia \u00e9l escupi\u00e9ndole en ingl\u00e9s que todas sus mujeres eran unas guarras pero que \u00e9l quer\u00eda la n\u00famero cinco. Al camarero, visiblemente perturbado, le toc\u00f3 sonre\u00edr y pedirle disculpas al tipo aquel que me avergonzaba tanto de ser occidental. Yo apenas me atrev\u00eda a mirarlo sintiendo que tendr\u00eda una opini\u00f3n generalizada de todos los occidentales y tan s\u00f3lo volv\u00ed a hacerlo cuando \u00e9l me pidi\u00f3 fuego para un cigarro que no pudo acabarse pues un alem\u00e1n hab\u00eda comenzado a armar bronca en el fondo del bar intentando llegar a las mujeres saltando por encima de la barra.<br \/>A modo de compensaci\u00f3n, en estos bares, al menos, no \u00e9ramos constantemente acosados por putas desesperadas y pod\u00edamos estar a nuestro ritmo, intentando tener una noche divertida. As\u00ed estuvimos hasta que comenzaron a cerrar la mayor\u00eda de los locales y encontramos uno que tardar\u00eda m\u00e1s en cerrar. En este, nos apoyamos en la barra y pedimos un par de cervezas. Est\u00e1bamos charlando cuando un grupo de mujeres esculturales se acerc\u00f3. Estaban como a su aire y no parec\u00edan prostitutas. Hay que decir que las mujeres tailandesas tienen una dulzura y una simpat\u00eda que las presentaban como las m\u00e1s bellas que yo hubiera visto nunca. Una de ellas, mientras yo ped\u00eda una segunda ronda, se hab\u00eda pegado a I\u00f1aki y estaba restreg\u00e1ndose a \u00e9l tan insinuante que no quiso frenarla y sigui\u00f3 entrando en su juego. Por su parte, George vino hacia m\u00ed impresionante, descomunal, una mujer alta, de cuerpo moldeado como en un sue\u00f1o er\u00f3tico, labios carnosos, pelo negro suave, vestida con elegancia y graciosa, simp\u00e1tica, con esa simpat\u00eda tailandesa dulce y atractiva. Pero, como un monje observando el m\u00e1s ce\u00f1ido celibato, le dije, antes de que convirtiese en palabras sus insinuaciones, que no est\u00e1bamos interesados en ellas a lo que me respondi\u00f3 que, para que lo supi\u00e9semos, eran hombres.<br \/>Sin duda aquello explicaba tanta perfecci\u00f3n. I\u00f1aki minti\u00f3 que ya lo sospechaba y se dio la vuelta para beber tranquilo su cerveza. El grupo se separ\u00f3 de nosotros pero siguieron en otra esquina del bar divertidas y alegres.<br \/>En la tercera ronda, la camarera, una preciosa tailandesa llamada Pat, me dijo que le gustaba mi amigo y me ret\u00f3 a las cuatro en raya con la siguiente apuesta: por cada partida que yo ganase, nos invitaba a una cerveza y por cada partida que ganase ella, I\u00f1aki la besaba. Yo se lo expliqu\u00e9 a I\u00f1aki que estuvo de acuerdo y como yo no perd\u00eda nada, comenc\u00e9 a jugar, tranquilo y contento, pero hay que decir que el juego de las cuatro en raya es casi el deporte nacional tailand\u00e9s, con lo cual mi escasa experiencia hizo que poco a poco, se fuese creando un v\u00ednculo que habr\u00eda de durar toda la noche entre Pat y mi amigo. De hecho, en un momento dado, George, que me vio solo, se acerc\u00f3 y me dijo que si jugaba con ella. Yo acced\u00ed pues estaba empezando a aburrirme y as\u00ed, los cuatro, seguimos un buen rato hasta que Pat tuvo que comenzar a cerrar el local. Para entonces, I\u00f1aki y ella acordaron irse juntos a dormir a nuestro hotel, pero hab\u00eda un problema: \u00e9l y yo compart\u00edamos habitaci\u00f3n con lo que se me hac\u00eda algo inc\u00f3modo, por no decir imposible, volver con ellos. Pat habl\u00f3 conmigo y con George y le pidi\u00f3 que se quedase conmigo un rato mientras ellos se iban a la cama. Yo por mi parte no ten\u00eda ninguna objeci\u00f3n aunque creo que a George le hab\u00eda quedado claro que yo no quer\u00eda nada sexual con ella.<br \/>Compartimos un taxi que les dej\u00f3 en el hotel y George y yo seguimos camino bajo sus indicaciones. As\u00ed, acabamos por entrar en una gran discoteca en la que poco a poco descubr\u00ed que yo era el \u00fanico occidental y nos fuimos a sentar a un reservado oscuro y confortable.<br \/>Estuvimos hablando de sus aficiones, de su novio que se hab\u00eda ido a una isla paradis\u00edaca llamada Phuket, en el sur del pa\u00eds, d\u00f3nde ella ambicionaba vivir alg\u00fan d\u00eda. Hablamos de mis problemas de comunicaci\u00f3n con mis amigos, de mi frialdad, de su pa\u00eds, del m\u00edo, de la forma de divertirse y, poco a poco, fui consciente de que se enamoraba de m\u00ed. Al principio de una forma sutil y delicada, despu\u00e9s sus miradas se hac\u00edan m\u00e1s sensuales pero segu\u00eda siendo respetuosa con mi decisi\u00f3n. Not\u00e9 que nuestra relaci\u00f3n se hab\u00eda hecho m\u00e1s c\u00e1lida, m\u00e1s t\u00e1ctil y que entre nosotros hab\u00eda una intimidad que no ten\u00eda con muchos a los que consideraba habitualmente mis amigos.<br \/>Cuando comenzamos a hablar sobre el trato de los occidentales a las mujeres tailandesas, ella comenz\u00f3 a llorar en unas l\u00e1grimas gruesas y calientes que ca\u00edan en mis rodillas. La abrac\u00e9 y le ped\u00ed que me abrazase para que pudiese llorar con calma y largamente. Su amor se desbordaba y yo pod\u00eda notarlo, pod\u00eda notar c\u00f3mo me iba amando por momentos pero segu\u00eda sin tan siquiera volver a insinuar un cambio de actitud.<br \/>Pasado un tiempo, el silencio ahog\u00f3 su llanto y en la pista estaba sonando un ritmo bacaladero agresivo y duro, pero yo me sent\u00eda como en una nube y le ped\u00ed que bailase conmigo. Ella accedi\u00f3 pensando que yo no me iba a atrever a meterme en el centro de un kilombo semejante como aquel y m\u00e1s siendo el \u00fanico diferente en ese lugar. Pero se equivoc\u00f3. En medio de todo aquel gent\u00edo, la agarr\u00e9 por la cintura, talle duro y orgulloso, y comenc\u00e9 a seguir el ritmo con pasos de merengue encontrando que se adaptaba perfectamente y fue divertido y seguimos bailando y comenzamos a re\u00edrnos de todo, de la tristeza que sab\u00edamos de d\u00f3nde proven\u00eda sin necesidad de hablarlo, de la situaci\u00f3n medio c\u00f3mica de estar bailando bacalao a ritmo de merengue en medio de una multitud que nos miraba absorta, pero, sobre todo, nos re\u00edamos porque era divertido y llenaba los pulmones de aire nuevo.<br \/>Unos besos surcaron la noche, labios calientes que se un\u00edan para beber l\u00e1grimas mutuas. Tras esto, emergencias de autocontrol que mantuviese mi calma. Nos dirigimos a la barra a por una cerveza m\u00e1s, pero yo ya no ten\u00eda m\u00e1s dinero. Ni bats, ni d\u00f3lares ni nada de nada. Ella me dijo que no importaba y le pidi\u00f3 un par de botellas al chico de la barra, que resultaba ser un conocido suyo. Me cont\u00f3 que hac\u00eda mucho tiempo que no iba a ese sitio, que desde que hab\u00eda cambiado de sexo, su vida tambi\u00e9n era algo diferente y no sol\u00eda salir por bares de heterosexuales como aquel pues mucha gente no lo ve\u00eda con buenos ojos. Prejuicios universales.<br \/>Las \u00faltimas botellas cayeron r\u00e1pidas por mi garganta seca, presa de un calor asfixiante tropical. Sab\u00eda que hab\u00eda pasado mucho tiempo, as\u00ed que le suger\u00ed regresar al hotel y ver en qu\u00e9 condiciones estaban las cosas. Ella no puso objeci\u00f3n alguna y, de hecho, fue la encargada de conseguir un taxi al que tuvo que pagar. Nuestras manos se entrelazaban bajo las miradas sorprendidas de un taxista inquisidor. El peso de los p\u00e1rpados hac\u00eda dif\u00edcil mantener sus ojos en los m\u00edos. Nos mir\u00e1bamos casi sin palabras. De cuando en cuando, un comentario triste, una apelaci\u00f3n de ternura, sal\u00eda de su boca para pedir consuelo sin pedir consuelo. Todo lo incomprensible se comprend\u00eda, estaba comprendido. Ambos sab\u00edamos lo que ten\u00edamos que saber.<br \/>En el hall del hotel, inmenso y barroco, buscamos una cabina desde la que telefonear. Habitaci\u00f3n 634. I\u00f1aki, pasado un rato, contest\u00f3 con su tono casero y euskera, mientras yo le dec\u00eda que si pod\u00edamos subir. Una vez en la habitaci\u00f3n, Pat se intentaba hacer la dormida en la cama de I\u00f1aki y este, a su lado, estaba desprovisto de toda ropa. La noche parec\u00eda haber sido bastante intensa, a juzgar por el olor reinante en el cuarto aquel. George y yo nos sentamos en la m\u00eda a la espera de que Pat se quisiese dar por aludida y se vistiese para irse. Claramente, no quer\u00eda. Yo insist\u00ed en que se fuese porque necesitaba dormir y, entre esperas y gritos, las manos tranquilizadoras de George me acariciaban la espalda. Me gir\u00e9 y nos besamos, ante el estupor de mi amigo que no entendi\u00f3 aquello y crey\u00f3 que quer\u00edamos ahora la habitaci\u00f3n para nosotros. Con su t\u00edpica naturalidad, solucion\u00f3 la situaci\u00f3n con una propuesta que a \u00e9l le pareci\u00f3 apropiada dada su visi\u00f3n de las circunstancias. Nosotros en una cama y ellos en otra. As\u00ed que tuve que ser de nuevo contradictorio y decirle que no era lo que estaba pensando y que necesitaba dormir.<br \/>Ha pasado mucho tiempo y s\u00e9 que no recuerdo todos los detalles, pero s\u00ed le sigo agradeciendo a George su comprensi\u00f3n, su paciencia y su inestimable ayuda pues fue ella quien le dijo a Pat que, por favor, se fuesen, que necesitaba que la acompa\u00f1ase y con tanta insistencia que acab\u00f3 por persuadirla.<br \/>Mientras Pat estaba en el ba\u00f1o, mi tierna enamorada y yo intercambiamos direcciones para escribirnos y me inst\u00f3 a visitarla a la vuelta de Australia, si es que volv\u00eda, para pasar un tiempo juntos. He de reconocer que llegu\u00e9 a pensarlo como una oferta tentadora, pero declin\u00e9 cualquier cosa que pareciese un compromiso.<br \/>La compa\u00f1era de I\u00f1aki sali\u00f3 del lavabo y se despidieron. Besos y un abrazo, sin que mi amigo saliese de la cama.<br \/>Yo, galante como siempre, por si ten\u00edan alg\u00fan tipo de problemas, decid\u00ed acompa\u00f1arlas a la salida del hotel y, justo all\u00ed, en un callej\u00f3n que sal\u00eda bajo unos toldos trenzados de ca\u00f1a, me invitaron a desayunar. El sol hac\u00eda rato que despertara y el calor comenzaba a ser el cotidiano. Los bollos estaban calientes sin necesidad de calentarlos, el caf\u00e9, por contraste, estaba fr\u00edo. Pat nos pregunt\u00f3 qu\u00e9 hab\u00edamos hecho y George le estuvo contando nuestra noche con todo lujo de detalles mientras me miraba con un cari\u00f1o relajado y triste. Sus grandes ojos dejaban, de cuando en cuando, rodar una l\u00e1grima que me enternec\u00eda y me emocionaba hasta el punto de que cuando nos levantamos para despedirnos, no pude evitar llorar yo tambi\u00e9n. Su pecho se clavaba en el m\u00edo y su congoja en la m\u00eda. <br \/>Al alejarse en la calle, nuestros brazos segu\u00edan unidos, luego se fueron haciendo mayores las distancias, las manos se agarraban, los dedos se tocaban, un \u00faltimo coraz\u00f3n bes\u00f3 otra yema, ojos en la lejan\u00eda que se dijeron adi\u00f3s.<br \/>Nunca m\u00e1s la he visto de nuevo. No volv\u00ed a Bangkok m\u00e1s que por el transcurso de una hora, en mi viaje de regreso y no creo que volvamos a encontrarnos, pero aquella silueta de mujer, altura de hombre, aquellos bailes divertidos, besos de plomo cargados de ternura, la aventura de recuperar una cama para no llenarla de sexo, su despliegue incomparable de comprensi\u00f3n, su tolerancia, aquella mirada triste enamorada del \u00faltimo momento, no me ser\u00e1 f\u00e1cil de olvidar jam\u00e1s. Quiz\u00e1s no quiera, pues sigue siendo el mejor recuerdo que puedo mantener de una curiosa noche en todos mis sentidos, de una noche en Bangkok.<\/p>\n<p><i>M-20010409<\/i><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace un a\u00f1o escrib\u00ed una historia sobre una tarde en Bangkok en la que hab\u00eda sufrido la emoci\u00f3n de viajar en un tuc-tuc. 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