{"id":796,"date":"2009-02-13T18:08:00","date_gmt":"2009-02-13T17:08:00","guid":{"rendered":"http:\/\/giusseppe.net\/blog\/archivo\/2009\/02\/13\/el-jardin\/"},"modified":"2014-09-10T11:30:51","modified_gmt":"2014-09-10T09:30:51","slug":"el-jardin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/archivo\/2009\/02\/13\/el-jardin\/","title":{"rendered":"El Jard\u00edn"},"content":{"rendered":"<p>Entr\u00e9 en el restaurante sabiendo que iba a matar a alguien pero a\u00fan no sab\u00eda a qui\u00e9n. Eso, realmente, no era tan importante. Lo verdaderamente importante era la forma en la que hab\u00eda decidido hacerlo: mordi\u00e9ndole el cuello como si fuese un vampiro. El primer problema es que no ten\u00eda reservada mesa y, claro, igual ten\u00eda que discutir con el camarero y eso restaba diversi\u00f3n a aparentar un cliente modelo que cae bien, es simp\u00e1tico, encantador, hasta seductor con alguna camarera que venga a recoger las migas de los comensales anteriores. Pero no fue un problema y en el fondo del sal\u00f3n me pude acoplar. Descargu\u00e9 l\u00e1grimas antes de pedir el men\u00fa pues sab\u00eda que no quer\u00eda hacer lo que iba a hacer. Me descarrilar\u00eda para siempre del mundo c\u00f3modo de la publicidad. L\u00e1stima. Pero el cuello tentador de un gordito al que le ca\u00edan peque\u00f1as gotas de sudor por la cara, resultaba tan apetitoso que cuando se acerc\u00f3 el meitre a\u00fan estaba extasiado con la contemplaci\u00f3n de su deglutir r\u00edtmico.<br \/>&#8211; Unas alubias, por favor.<br \/>&#8211; En seguida. \u2013 dijo el mesonero y se retir\u00f3 con un papelito en el que hab\u00eda apuntado algo.<br \/>Seguro que sab\u00eda algo\u2026 No. \u00bfPor qu\u00e9 hab\u00eda de saber algo?. Est\u00e1 claro que cada d\u00eda soy m\u00e1s paranoico. A\u00fan ni yo mismo sab\u00eda muy bien c\u00f3mo le hincar\u00eda el diente al cerdito rosado que com\u00eda en la mesa de al lado. Masticaba testarudo, como si no supiese que iba a morir, sus \u00faltimos pedazos de bisteq poco hecho, embadurnado de aceite. Record\u00e9 por un instante las conversaciones sobre comida sana que siempre tengo con mi esposa y me lanc\u00e9 bruscamente a su espalda armado con el cuchillo de mi cubierto. No supo reaccionar con la pasividad que yo esperaba y se abalanz\u00f3 hacia m\u00ed. Era una mole de m\u00e1s de ciento veinte quilos y yo no hab\u00eda previsto eso. La silla cruji\u00f3 y se hizo a\u00f1icos mientras mi mano se hund\u00eda en su gaznate hasta la altura de la mu\u00f1eca. No s\u00e9 c\u00f3mo cupo tanta carne m\u00eda en lo que era su cuello. Sorpresas que da la vida. En este caso, la muerte, claro, para hacer el chiste que siempre es necesario.<br \/>Una camarera, impactada, dej\u00f3 caer mi comida al suelo, con lo que tuve que matarla, sin ser esa mi intenci\u00f3n, lanz\u00e1ndome, con m\u00e1s fuerza que contra el gorrino desollado, para que no pudiese gritar. Su silencio fue sellado con un beso en el que le arranqu\u00e9 parte de sus labios y lo escup\u00ed pues estaba muy pintada y le daba un amargo sabor seco y desagradable. A su expresi\u00f3n tambi\u00e9n, de hecho, ya lo hab\u00eda notado, pero eso no era para haberla matado. Es que necesitaba alimentarme y casi nunca encuentro la sangre que requiero.<br \/>Luego me sent\u00e9 en mi silla otra vez e intent\u00e9 rebanar una tajadita del pescuezo del mofletudo que a\u00fan segu\u00eda manando sangre a borbotones negros, pero el cuchillo resbalaba y no acertaba a segar un fino filetito con lo que me content\u00e9 con chuparme los dedos y ped\u00ed m\u00e1s vino.<br \/>Desde las otras mesas llegaba un griter\u00edo insoportable y decid\u00ed llamar al meitre para pedirle explicaciones o exigir, incluso, que pusiese fin a aquella algarab\u00eda si estaba en su mano, antes de que le pidiese el libro de reclamaciones y tachase su buena reputaci\u00f3n con una mancha imborrable.<br \/>Cuando \u00e9l entr\u00f3, en sus ojos pude ver claramente que hab\u00eda algo que no andaba bien. Palideci\u00f3 y se detuvo frente a m\u00ed a dos metros, como asustado, y parec\u00eda no ser capaz de articular palabra. As\u00ed que yo tom\u00e9 la iniciativa:<br \/>&#8211; Por favor, puede traerme ya las alubias y, de paso, p\u00eddales que se callen, que no hay quien coma tranquilo en este sitio.<br \/>Supongo que yo hab\u00eda esperado algo m\u00e1s apacible, buc\u00f3lico incluso, llam\u00e1ndose El Jard\u00edn, pero, como otras veces, me equivoqu\u00e9. Adem\u00e1s, no consegu\u00ed suficiente sangre y hube de irme, sin ni siquiera esperar a las alubias, a una casquer\u00eda del barrio en la que me atendieron muy satisfactoriamente, pero eso ya forma parte de otra historia.<\/p>\n<p><i>M-20010327<\/i><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entr\u00e9 en el restaurante sabiendo que iba a matar a alguien pero a\u00fan no sab\u00eda a qui\u00e9n. Eso, realmente, no era tan importante. Lo verdaderamente importante era la forma en la que hab\u00eda decidido hacerlo: mordi\u00e9ndole el cuello como si fuese un vampiro. 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