{"id":783,"date":"2009-02-13T17:51:00","date_gmt":"2009-02-13T16:51:00","guid":{"rendered":"http:\/\/giusseppe.net\/blog\/archivo\/2009\/02\/13\/el-origen-del-atardecer\/"},"modified":"2014-09-10T11:30:52","modified_gmt":"2014-09-10T09:30:52","slug":"el-origen-del-atardecer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/archivo\/2009\/02\/13\/el-origen-del-atardecer\/","title":{"rendered":"El origen del atardecer"},"content":{"rendered":"<p>Esta es la historia de un trenecillo de vapor que vagaba por el cielo debajo de las nubes inmaculadas que recortaban el azul del cielo.<br \/>Aprovechaba las peque\u00f1as gotas que dejaban filtrar las partes bajas de cirros,  c\u00famulos y estratos para obtener el l\u00edquido que iba evaporando. Repostaba agua de lluvia que rellenaba la caldera hasta la pr\u00f3xima ocasi\u00f3n.<br \/>Ca\u00eda, se dejaba caer, desde la estratosfera en circuitos alocados desde los sublimes y g\u00e9lidos cirros deshilachados y claros a caliginosos c\u00famulos inferiores, abrazados a las cimas de los montes y los edificios altos de las grandes ciudades.<br \/>El maquinista, un apuesto canoso de cuarenta y tres a\u00f1os, se desviv\u00eda por aquella monta\u00f1a rusa infinita, silvestre, voladora; incluso aunque esta vez no llevaba pasajeros.<br \/>Un rastro de vapor blanquecino se dibujaba en las panzas abultadas y grises de la nubarrada contenida. Sendero lechoso de nata sobre asfalto.<br \/>Mas un d\u00eda alcanz\u00f3 un desierto donde el sol impon\u00eda un reinado eterno y cruel, quebrando el suelo en mosaico marr\u00f3n de tierra muerta.<br \/>Pasaron horas de bochorno infernal que fueron devorando voraces el h\u00e1lito c\u00e1lido y difuminado de la locomotora negra. <br \/>Comenz\u00f3 a precipitarse.<br \/>R\u00e1pida, gravitatoria, presupon\u00eda un final aciago en un siniestro zepelino.<br \/>El operario reaccion\u00f3 apresurado y lanz\u00f3 su transpiraci\u00f3n al hogar. Toda su ropa impregnada de sudor result\u00f3 un consuelo ef\u00edmero a la nave de las nubes.<br \/>En el intervalo, tuvo tiempo para percatarse de que el \u00fanico resto de humedad estaba en \u00e9l.<br \/>Ella volvi\u00f3 a desplomarse como una bola de ca\u00f1\u00f3n y \u00e9l no pens\u00f3 en arrancarse la pierna izquierda y extraer la sangre con la que abastecer la caldera.<br \/>Despu\u00e9s, un brazo.<br \/>M\u00e1s tarde, sin parar de actuar, seg\u00f3 su otra pierna y rasg\u00f3 las venas del brazo derecho permitiendo que las gotas \u00ednfimas, min\u00fasculas, atravesaran la garganta de la chimenea.<br \/>En el fondo de sus ojos vio una tempestad en lontananza y decidi\u00f3 darse por salvado pero el plasma se consum\u00eda vertiginosamente.<br \/>Con toda la determinaci\u00f3n de que era capaz, se yugul\u00f3 sobre la boca ansiosa de la m\u00e1quina celeste.<br \/>No logr\u00f3 ver el celaje que absorbi\u00f3 su savia.<br \/>Con el nuevo camino, las bajas neblinas se ti\u00f1eron de rojo. Desde un naranja c\u00e1lido se difuminaban rosas las estr\u00edas de las nubes.<br \/>Alguno dio a entender que era el m\u00e1s bello ocaso contemplado; la sugerente puesta de sol que ca\u00eda dejando surcos de luz de azafr\u00e1n. Otro, el fen\u00f3meno atmosf\u00e9rico m\u00e1s cautivador del hemisferio. Un tercero, el amanecer que justificaba el haberse despertado\u2026<br \/>Pero t\u00fa y yo sabemos que esa bruma es sangrienta, que los rayos rosados van te\u00f1idos de vida y de muerte; que los algodones contienen la \u00faltima hemorragia de un sacrificio in\u00fatil.<br \/>T\u00fa y yo sabemos que el precio de esa belleza fue elevado. <br \/>Y ahora a dormir, que el cuento ha terminado.<\/p>\n<p><i><\/p>\n<div style=text-align:right>Cuento para noches blancas <br \/>en que te acuestes mirando las nubes bajo una ventana <br \/>al tiempo que cae la noche, <br \/>empujando al sol fuera de su sitio.<\/div>\n<p><\/i><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta es la historia de un trenecillo de vapor que vagaba por el cielo debajo de las nubes inmaculadas que recortaban el azul del cielo.Aprovechaba las peque\u00f1as gotas que dejaban filtrar las partes bajas de cirros, c\u00famulos y estratos para obtener el l\u00edquido que iba evaporando. 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