{"id":2921,"date":"2013-04-09T12:53:10","date_gmt":"2013-04-09T10:53:10","guid":{"rendered":"http:\/\/giusseppe.net\/blog\/?p=2921"},"modified":"2013-04-09T12:53:10","modified_gmt":"2013-04-09T10:53:10","slug":"como-se-llega-a-ser-artista-contemporaneo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/archivo\/2013\/04\/09\/como-se-llega-a-ser-artista-contemporaneo\/","title":{"rendered":"\u00bfC\u00f3mo se llega a ser artista contempor\u00e1neo?"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>Por Jos\u00e9 Luis Pardo<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Jos\u00e9 Luis Pardo (Madrid, 1954) es profesor de filosof\u00eda de la Complutense y ha tocado el \u00e1mbito art\u00edstico en el ensayo Sobre los espacios (Serbal, 1991). Est\u00e1 por publicar en Pre-Textos, en colaboraci\u00f3n con Fernando Savater, Palabras cruzadas. Una invitaci\u00f3n a la filosof\u00eda. Este texto compara el rol social y el significado del artista moderno y el contempor\u00e1neo.<\/p>\n<figure style=\"width: 450px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"http:\/\/www.letraslibres.com\/revista\/convivio\/como-se-llega-ser-artista-contemporaneo\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/www.letraslibres.com\/sites\/default\/files\/imagecache\/revista_articulo_588_480\/imagenes_articulos\/img_art_8599_1813.jpg\" width=\"460\" height=\"376\" class \/><\/a><figcaption class=\"wp-caption-text\">\u00bfC\u00f3mo se llega a ser artista contempor\u00e1neo? 1813 G\u00fcnter Brus<\/figcaption><\/figure>\n<blockquote><p>Aparentemente, y a riesgo de la decepci\u00f3n que a un lector animado por el t\u00edtulo pueda ello suponerle, responder a esta pregunta no deber\u00eda ser m\u00e1s dif\u00edcil que explicar c\u00f3mo se llega a ser artista moderno, y desde luego bastante m\u00e1s f\u00e1cil que comprender c\u00f3mo se llega a ser artista antiguo, artista medieval o, en general, artista premoderno.<\/p>\n<p>Esto \u00faltimo (c\u00f3mo se llega a ser artista premoderno) es m\u00e1s dif\u00edcil porque aquellos a quienes hoy reconocemos este rango (por ejemplo, Vel\u00e1zquez, Cervantes o P\u00edndaro) no se propusieron jam\u00e1s llegar a ser artistas, por la simple raz\u00f3n de que, en sus \u00e9pocas y sociedades respectivas, no exist\u00eda el estatuto de \u00abgran artista profesional\u00bb, no estaban institucionalizadas las instancias que conceden esta categor\u00eda ni se daban los par\u00e1metros y procedimientos de reconocimiento que la consolidan. De modo que el hecho de que ciertos personajes premodernos hayan llegado a ser considerados artistas es un hecho forzosamente retrospectivo, plagado de azares y contingencias y, como tal, hijo de selecciones y elecciones realizadas mucho despu\u00e9s de que tales figuras estuviesen enterradas y sus obras totalmente concluidas, y obediente a criterios est\u00e9ticos y cient\u00edficos completamente ajenos a sus conciencias, relacionados, entre otras muchas cosas, con la \u00abinvenci\u00f3n de la Historia del Arte\u00bb llevada a cabo por varias generaciones de grandes profesores universitarios (fundamentalmente alemanes y brit\u00e1nicos) durante el siglo XIX y las primeras d\u00e9cadas del XX. Esto \u2014su falta de voluntad de ser \u00abartistas\u00bb, por haber adquirido esta condici\u00f3n post mortem, y a consecuencia de circunstancias que ellos no pudieron en modo alguno prever\u2014 hace que Shakespeare, Vivaldi, Eur\u00edpides o Hugues Libergier aparezcan a nuestros ojos algo m\u00e1s inocentes (s\u00f3lo como artistas, pues como personas aparecen bastante m\u00e1s ambiguos) que, por ejemplo, Flaubert o Picasso (cuya voluntad art\u00edstica es exorbitante y a veces exasperante, pero cuyas biograf\u00edas son tambi\u00e9n m\u00e1s claras y rotundas).<\/p>\n<p>Ello se debe a que los dos \u00faltimos nombres identifican plenamente a artistas modernos, es decir, a individuos que s\u00ed lucharon deliberada y denodadamente por ser artistas, bien porque en su contexto esta lucha era perfectamente posible y estaban especialmente dotados para ella (como le suced\u00eda a Picasso), bien porque ellos mismos contribuyeron a forjar la figura can\u00f3nica del artista moderno, como es m\u00e1s bien el caso de Flaubert. Y a pesar de las enormes distancias que hay entre estos dos ejemplos, en ambos, como en muchos otros significativos que podr\u00edan aducirse, el camino para llegar a ser \u00abartista moderno\u00bb est\u00e1 jalonado de lo que Pierre Bourdieu llamar\u00eda \u00abatentados simb\u00f3licos\u00bb contra el orden establecido de la representaci\u00f3n, atentados que en el caso de Flaubert son ya para nosotros (porque el tiempo transcurrido se ha encargado de convertir en norma lo que entonces fuera esc\u00e1ndalo) pr\u00e1cticamente imperceptibles, y en el de Picasso est\u00e1n en v\u00edas de serlo. Pero <strong>lo que distingue al artista moderno<\/strong> del premoderno no es esto (pues podr\u00edan se\u00f1alarse grav\u00edsimos atentados simb\u00f3licos cometidos antes de la modernidad), sino el hecho \u2014coherente con la reflexividad que caracteriza al primero frente al segundo\u2014 de <strong>esforzarse por hacer de la ruptura de las reglas una profesi\u00f3n respetable<\/strong>. De tal modo que podr\u00eda decirse que el gran logro del arte moderno no reside \u00fanicamente en la confecci\u00f3n de tales o cuales obras, sino en la creaci\u00f3n de la instituci\u00f3n arte como una esfera de la cultura separada y distinta, dotada de relativa autonom\u00eda en cuanto a sus valores y c\u00e1nones de legitimaci\u00f3n con respecto a las dem\u00e1s esferas, y asociada a ciertas entidades emblem\u00e1ticas como los museos y las bibliotecas nacionales, las grandes galer\u00edas, la industria editorial y las facultades de Bellas Artes. Este t\u00e9rmino tan equ\u00edvoco (\u00abbellas\u00bb, aplicado a las artes o a las letras, para diferenciarlas de las \u00abplebeyas\u00bb) identifica el t\u00edtulo de nobleza que distingue para los modernos al \u00abgran arte\u00bb (digno de ser conservado) del peque\u00f1o, que s\u00f3lo tiene un estatuto funcional o de servicio, aunque tambi\u00e9n es el origen de un gran malentendido: pues la belleza que ostentan los productos as\u00ed peraltados nada tiene que ver con la \u00abarmon\u00eda\u00bb, la \u00abproporci\u00f3n\u00bb o cualquier otra cosa que pudiera concebirse como una medida objetiva de su perfecci\u00f3n (y esta falta de medida objetiva es lo que otorga al arte moderno su c\u00e9lebre e irremediable halo de subjetividad); m\u00e1s en concreto, la belleza moderna es casi un requisito negativo, pues se trata de un placer que no se puede reducir al agrado sensible ni a la adecuaci\u00f3n instrumental, ni siquiera a la satisfacci\u00f3n moral, que se quiere pura y simplemente art\u00edstico. Esto de lo \u00abpuramente art\u00edstico\u00bb ha resultado siempre algo bastante misterioso, sobre todo considerando que el pensador moderno que quintaesenci\u00f3 en una f\u00f3rmula varios siglos de reflexiones metapo\u00e9ticas defini\u00f3 este misterio, del lado del receptor, como una extra\u00f1a facultad llamada \u00abgusto\u00bb, que no se puede aprender, y del lado del productor como una peculiar disposici\u00f3n del temple an\u00edmico \u2014el genio\u2014 en virtud de la cual la naturaleza da la regla al arte.<\/p>\n<p>Seguramente el arte empez\u00f3 a tornarse contempor\u00e1neo el d\u00eda en que esta condici\u00f3n misteriosa pas\u00f3 a ser directamente sospechosa, sospecha que pende como una vergonzosa mancha sobre todo lo que hoy quiera ser llamado bello. Y, aunque <strong>la queja m\u00e1s popular contra el arte contempor\u00e1neo consista en acusarle de fealdad en el sentido (antiguo) de \u00abimperfecci\u00f3n objetiva\u00bb, quiz\u00e1 su m\u00e1s profundo fe\u00edsmo se relacione m\u00e1s bien con su rechazo de la belleza en el sentido (moderno) de \u00abplacer subjetivo puramente art\u00edstico\u00bb, hasta el punto de que podr\u00eda decirse que se llega a ser artista contempor\u00e1neo a trav\u00e9s de una carrera sembrada de \u00abatentados simb\u00f3licos\u00bb<\/strong> que, ahora, ya no se dirigen contra el orden establecido de la representaci\u00f3n (puesto que cada vez est\u00e1 menos claro que haya un orden de este tipo o en qu\u00e9 consiste) sino precisamente contra el arte como instituci\u00f3n, entre cuyos muros medio demolidos vive a su pesar el artista contempor\u00e1neo, tomado por lo que precisamente ya no quiere ser, o sea, ornamento de un poder p\u00fablico o recremento de poderes privados. Testimonio de ello son los sucesivos y concurrentes intentos de negaci\u00f3n de la voluntad art\u00edstica \u2014<strong>el artista contempor\u00e1neo, a diferencia del moderno, no quiere ser artista o autor<\/strong>\u2014 o la pretensi\u00f3n de <strong>disolver la categor\u00eda misma de obra<\/strong> (creando productos visuales que no sean \u00abcuadros\u00bb susceptibles de ser conservados en museos, productos sonoros que no sean \u00abcanciones\u00bb susceptibles de ser repetidas o reproducidas, productos gr\u00e1ficos que no sean \u00ablibros\u00bb susceptibles de ser catalogados en bibliotecas, entre otros muchos ejemplos), y tambi\u00e9n el hecho de que un celebrado pensador posmoderno haya podido concebir la peregrina idea de que los atentados de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York son \u00abla mayor obra de arte contempor\u00e1neo\u00bb. La \u00fanica comunidad que acaso sea factible hallar entre tan diversos y heterog\u00e9neos programas pudiera consistir en su condici\u00f3n de haberse constituido en torno a la finalidad com\u00fan de atacar, desmontar, descubrir, delatar y\/o desenmascarar ese misterio de lo \u00abpuramente art\u00edstico\u00bb que los antiguos recubrieron con el rom\u00e1ntico nombre de inspiraci\u00f3n y los modernos envolvieron en la noci\u00f3n de \u00abbelleza\u00bb que acabamos de recordar, y que suscita tantos recelos por aparecerse como un mero disfraz de la m\u00e1s desnuda arbitrariedad subjetiva, de la dominaci\u00f3n de clase, de la cosificaci\u00f3n y la alienaci\u00f3n fetichista de la mercanc\u00eda, de la homogeneizaci\u00f3n de las diferencias, del terror y de la violencia, de la injusticia y la barbarie, del sexo y del deseo, del dolor y de la muerte, etc\u00e9tera, etc\u00e9tera, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>As\u00ed que una manera f\u00e1cil de desacreditar al arte contempor\u00e1neo ser\u00eda poner en evidencia que ninguno de estos intentos de desvelar el misterio ha tenido hasta ahora un \u00e9xito significativo; pero esta descalificaci\u00f3n es, adem\u00e1s de f\u00e1cil, est\u00e9ril, porque quiz\u00e1 en este terreno \u2014como en otros\u2014 <strong>la \u00fanica manera de tener algo parecido a un \u00e9xito consiste en fracasar una y otra vez<\/strong>, y falaz, porque olvida un sentido inaparente en el cual el arte contempor\u00e1neo s\u00ed que ha tenido un \u00e9xito avasallador: desde el punto de vista m\u00e1s aparente, desde luego, <strong>se dir\u00eda que el ataque a la \u00abbelleza\u00bb ha convertido el arte contempor\u00e1neo en algo desligado de toda funci\u00f3n social y que se ha quedado por ello (m\u00e1s en unas artes que en otras) sin p\u00fablico<\/strong>. Ahora bien, esta perspectiva olvida que, precisamente porque la \u00abbelleza\u00bb era la barrera que separaba a las artes \u00abnobles\u00bb de las \u00abserviles\u00bb, una vez desaparecida esta barrera, las facetas m\u00e1s funcionales socialmente de las \u00abartes\u00bb han encontrado v\u00edas de penetraci\u00f3n social ins\u00f3litas y caudalosas: el dise\u00f1o, el spot, la sinton\u00eda, la creaci\u00f3n de im\u00e1genes corporativas y de moda en todos los \u00f3rdenes. A estas v\u00edas de penetraci\u00f3n no es ajeno el hecho de que los m\u00e1s contempor\u00e1neos de los artistas contempor\u00e1neos, al no tener una obra que vender ni una firma de cuyos derechos legales vivir, se han visto obligados a buscar segundos empleos en los casos \u2014que abundan\u2014 en los cuales <strong>la de artista ya no es ni siquiera una profesi\u00f3n viable<\/strong>. Y seguramente todo esto significa que la sospecha se ha vuelto en s\u00ed misma sospechosa, es decir, sintom\u00e1tica de que en el \u00abmisterio\u00bb de la \u00abbelleza\u00bb (moderna) o en el secreto de la \u00abinspiraci\u00f3n\u00bb (antigua) se oculta algo m\u00e1s que una justificaci\u00f3n de la tiran\u00eda o que la afirmaci\u00f3n est\u00e9tica de una distinci\u00f3n de clase. <strong>Es obvio que a estas alturas no podemos ya sostener cosas como que es \u00abla naturaleza\u00bb la que da la regla al arte, de la misma manera que los modernos ya no pod\u00edan defender la antigua teor\u00eda de la posesi\u00f3n divina del poeta. Ahora ya s\u00f3lo podemos decir que es la sociedad la que da la regla al arte<\/strong>.<\/p>\n<p>Pero as\u00ed como, <strong>en la f\u00f3rmula kantiana, la naturaleza que daba la regla al arte no era la naturaleza de los f\u00edsicos y los ingenieros (es decir, la que podemos concebir como un encadenamiento de causas mec\u00e1nicas) sino la de los poetas<\/strong> (es decir, la naturaleza m\u00e1s all\u00e1 de toda perspectiva instrumental que podamos arrojar sobre ella), as\u00ed tambi\u00e9n la sociedad que da la regla al arte contempor\u00e1neo no es la sociedad de los soci\u00f3logos (es decir, la que podemos concebir como un conjunto de determinaciones culturales o econ\u00f3micas objetivables) sino la que los agentes sociales llevamos \u2014 confundi\u00e9ndola con nuestra propia naturaleza, con nuestros gustos privados e inalienables, puesto que no podemos recordar cu\u00e1ndo ni c\u00f3mo hemos aprendido todo ese saber sobre la sociedad que impl\u00edcitamente carga hasta nuestras acciones m\u00e1s triviales\u2014 incorporada en nuestra conducta y la que, sin tener conciencia de que lo hacemos, legitimamos con cada uno de nuestros comportamientos. Que nos digan lo que esa sociedad es (m\u00e1s all\u00e1 de su posible conversi\u00f3n en objeto cient\u00edfico de un saber positivo) y, por tanto, lo que nosotros mismos somos, es algo que, en efecto, como a menudo sucede con el arte contempor\u00e1neo, resulta poco agradable, y que tampoco est\u00e1 claro que sea (socialmente) utilizable ni moralmente recomendable. Pero es probable que el artista contempor\u00e1neo sea m\u00e1s consciente que sus predecesores del hecho de que el arte no puede en cuanto tal resolver ninguno de nuestros problemas. Puede, como mucho, ayudarnos a imaginar cu\u00e1les son en verdad esos que llamamos \u00abnuestros (contempor\u00e1neos) problemas\u00bb.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Jos\u00e9 Luis Pardo Jos\u00e9 Luis Pardo (Madrid, 1954) es profesor de filosof\u00eda de la Complutense y ha tocado el \u00e1mbito art\u00edstico en el ensayo Sobre los espacios (Serbal, 1991). Est\u00e1 por publicar en Pre-Textos, en colaboraci\u00f3n con Fernando Savater, Palabras cruzadas. Una invitaci\u00f3n a la filosof\u00eda. Este texto compara el rol social y el &#8230; <a title=\"\u00bfC\u00f3mo se llega a ser artista contempor\u00e1neo?\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/archivo\/2013\/04\/09\/como-se-llega-a-ser-artista-contemporaneo\/\">Read more<span class=\"screen-reader-text\">\u00bfC\u00f3mo se llega a ser artista contempor\u00e1neo?<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[126],"tags":[88,151,102,108,119],"class_list":["post-2921","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ajenos","tag-arte","tag-contemporaneo","tag-filosofia","tag-lecturas","tag-performance"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2921","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2921"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2921\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2922,"href":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2921\/revisions\/2922"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2921"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2921"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.giusseppe.net\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2921"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}