Es también de vidrio, como todas y de edición de lujo, como si fuera de un líquido maravilloso como lo es el juego; porque jugar se convierte en lujo cuando se aprecia con la ilusión de un niño y no olvidemos nunca que jugar es lo que nos convierte en niños. Dejar de jugar, es dejar de creer que la vida merece la pena.
El año 2008 se lo regalé a Juan José de la Rosa, después de exponerlo en la Asociación Cultural Clave 53. Este objeto forma parte del proyecto Fronteras.